martes, 30 de septiembre de 2014

Programa de ocho semanas para reducción de estrés




Una de las formaciones que más satisfacción me proporciona es la de los talleres para la reducción de estrés basados en la meditación de la atención plena. Por una parte, es muy poca la gente que se descuelga del programa de ocho semanas y, por otra, todas las personas participantes perciben al finalizar una mejora sustancial en su calidad de vida.

Lo que logran principalmente es ser más dueñas de sus emociones: la capacidad de desactivar el resorte que les hace saltar en situaciones de tensión, siendo capaces de responder de forma proporcionada. No cabe duda de que conseguir esto aporta mucho bienestar y mejora la autoestima. 

Además, la práctica de la meditación favorece la comunicación y las relaciones con los demás. También enseña a disfrutar profunda y plenamente de los momentos, mejora la concentración, alivia los dolores y ayuda a afrontar la ansiedad.

El resultado no se consigue sin esfuerzo. Cualquier habilidad nueva se adquiere entrenándola (hay que practicar a diario durante las ocho semanas) pero, vistos los resultados, merece la pena.

A finales de octubre iniciaré en Kiribil Terapiak (Abadiño) un nuevo entrenamiento en formato reducido (máximo, 6 personas). 

¡Animaos e inscribiros! Os aseguro que será una de las mejores inversiones de vuestra vida.

Estos son los días, precios y horarios. Si queréis más información podéis contactar conmigo por correo (kiribilcoach@gmail.com) o por teléfono (619826690): 

JUEVES: DE 19 A 21 HORAS (salvo 29 de noviembre, sábado, de 10 a 13 horas)

Fechas: 30 de octubre; 6, 13, 20 y 29 (sábado, 10 a 13 h.) de noviembre; y 4, 11 y 18 de diciembre

VIERNES: DE 9.45 A 11.45 HORAS (salvo 29 de noviembre, sábado, de 10 a 13 horas)
Fechas: 31 de octubre; 7, 14, 21 y 29 (sábado, de 10 a 13 horas) de noviembre; 5 12 y 19 de diciembre.

Coste: 220 euros inscribiéndose antes del 15 de octubre; 250 haciéndolo después de esa fecha.  

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domingo, 28 de septiembre de 2014

Eusko zen: el sonido de las nueces

Parte de mi cosecha reposando en un banco de madera.

Todo lo que nos hace felices es gratis. Una de las principales fuentes de placer es el contacto, en soledad, con la naturaleza. Esta mañana me he podido regalar un largo paseo por el campo. No suelo tener necesidad de salir de Abadiño, que tiene muchos barrios para recorrer. Me gusta repetir una y otra vez los mismos caminos. Nunca son iguales. El paseo, tampoco. Los placeres que ofrecen, tampoco.

He escuchado mis voces internas, mis pensamientos, mis emociones, la tensión de los músculos en las pendientes, los trinos de pájaros, aromas primigenios y el rugido de algún motor lejano, que me recordaba lo gratificantes y escasos que son los momentos de tranquilidad, así como la necesidad de volver una y otra vez al aquí y al ahora. A vivir plenamente ese instante único. Y el siguiente, y el siguiente y el siguiente... Uno por uno. Sucesivamente.

He disfrutado de la visión cercana de un aterciopelado y frágil ratoncito. Y al alzar la vista del suelo, de las imponentes montañas, siempre eclipsadas por el señorial y mágico Anboto. 

He visto nueces en el suelo y otras muchas a punto de caer, sacando pecho a través del corsé rasgado de su cáscara. Me he detenido a recoger algunas de ellas. Nueces grandes, nueces pequeñas. Nueces medianas... La madurez no entiende de proporciones. Sólo exigen que las cosas estén en sazón. Aparentemente hermosas todas, sé sin abrirlas que algunas estarán huecas. Otras, podridas. ¿Cómo distinguirlas? Las buenas son más recias. Y, sobre todo, "suenan" diferente.


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